La WIKI no nos deja hacer más larga la tabla que teníamos en la página MEMORIA, y para continuar incluyendo cosas y después de intentarlo muchas veces y habiendo incluido Teresa más información teórica a completar con nuestra experiencia, he decidido crear esta segunda parte de la MEMORIA, llamada MEMORIA 2. Esta es la continuación de lo anterior y empieza por lo incluido por Teresa en la MEMORIA el día 28 de junio de 2008. Podemos continuar aquí con nuestras aportaciones. Gracias y disculpar las molestias.
Más ejemplos, los mismos u otros resaltando vuestra intervención, el sentido de lo que hacéis
Aquí sería importante recoger el lenguaje incipiente de algunos de los niños con los que habéis trabajado. Concretamente recuerdo expresiones muy interesantes contadas por Desi
Más ejemplos…
Aquí podrías incluir un resumen, todo lo amplio que queráis de lo aprendido en los talleres de matemáticas y lecto-escritura
Aquí podéis desfogaros todos/as quienes habéis sido acusados de “impulsivos”, poco estrictos….
Aquí se podía hacer la referencia al niño-lobo de Toñi y a los sucesivos personajes asumidos por algunos de los niños/as de Desi….
5 HORAS CON MARIO
Es sin duda, ha sido y será la estrella de este año en mi vida. Autista, Asperger, Hiperactivo y que más da el titulo que pueda tener. Un niño, una persona con la que tenemos que vivir 5 horas al día. Y ese fue precisamente nuestro reto, vivir con él, olvidarnos de la agenda, de las instrucciones a seguir, de la exclusión, del apoyo fuera del aula. Y acordarnos de que era un niño, una persona por encima de todo, por encima de recetas escolares que nos digan lo que tenemos o no que hacer.
Y empezamos y empezamos mal, muy mal se nos escapó el primer día de clase . Susto lágrimas, policía y él una vez que lo encontramos lo explico fácil: “QUERÍA TOMARME UN REFRESQUITO EN LAS PACHECAS” (Línea de autobuses que coge por placer con la familia). Pero la clase salió beneficiada, no podíamos perderlo otra vez, pero buscamos soluciones de grupo, bajábamos toda la clase a un punto de la entrada y alli los recogían las familias. Al mes y medio ya bajaban solos y solas a ese punto de encuentro y como un alumno más con sus compañeros solo necesitó de la intervención del portero en una sola ocasión, hasta la finalización del curso no ocurrió ningún incidente ni perdida y el profesor se mantuvo en su aula. Y jamás aceptamos soluciones de carácter individual para este grave incidente, ni lo llevamos de la mano, ni la madre tenía que subir cada día a recoger a su niño “el diferente”.
¡BUEN TIO COLEGA!
Que divertido es lanzar objetos, que divertido es hacerlo por la ventana, que divertido es lanzarlos contra las aspas del ventilador y disfrutar en cada acierto. Para la clase también parecía divertido, para mí lo era menos –no cabe duda-. Pero ese era su mundo individualista y sin sentido para mí, pero para él. ¿Quién lo sabría?. Tocaba interpretarlo, tocaba darle sentido a las cosas que hacia o nos decía: Hoy estamos celebrando el día del maestro, una tarta de colócate estamos fabricando, la mitad de la clase haciendo la pasta y la otra mitad poniéndola en las galletas, Mario a lo suyo por donde quiere, coge una galleta y se la come, sin mojarla ni en leche ni chocolate, no se mancha, coge otra y me la enseña me pide que le haga una foto a la galleta, yo lo hago la grabo con la cámara de video y le digo pone MARÍA como tu amiga( su gran amor), me dice que son integrales y yo le digo que no que son hojaldradas y cuando confirma que he grabado su galleta maría, me hace un gesto de aprobación con su pulgar y me dice con ese torrente de voz inconfundible ¡buen tío colega!
¡JUGAMOS A MEDICOS, ESO SI EL MÉDICO SOY YO!
En todo el primer trimestre hemos hecho rincones uno de ellos el libro de texto, junto a otros de juego simbólico, construcciones etc. El está sin estar, si su equipo esta con los coches el está allí pero no juega con ellos, juega al lado de ellas o de ellos. Pero el tema del cuerpo humano y un montón de recetas nos permiten jugar a médicos y tras varias sesiones, organizo una lista de alumnos a jugar con Mario. Hoy le toca a Rodri y Mario busca una de las recetas, la borra cuidadosamente sin doblarla y me busca insistentemente, hasta que yo interpreto que quiere que la firme en donde pone médico, y se va a la zona de la alfombra donde juega a médicos, bueno el siempre es el médico, lo osculta, le hace una receta para la rodilla “dalzi”. Aún no es juego simbólico, él no hace de médico, para eso me hizo firmar.
UN TRABAJO COOPERATIVO ENTRE MARIO Y J.A. “INTELIGENCIA”
Mario por su cuenta ha cogido un dominó de madera que realmente utilizamos para construcciones, J.A. “INTELIGENCIA” aprovechando las circunstancias se ha pegado allí y en un momento que Mario se ha desinteresado, lo coge y va haciendo una torre cada vez más alta, hasta que empieza a tener dificultades con su propia altura que le impide colocar las de arriba, Mario que ha estado observando interesado por la torre le va colocando las piezas más altas. Para desmontarlas lo volvemos hacer ya con la ayuda de una compañera adulta y Mario quita las de arriba y J.A. “INTELIGENCIA” quita las de abajo. Sin empujarlas sin destruir su propio trabajo.
DE ATILA A LA PALABRA MÄGICA:
Ha sido duro, tras 5 semanas de no intervenir con él, volvemos a encontrarnos, es espectacular verlo entrar a las 9 va arrasando con lo que pille por las mesas: botes de colores, rotuladores, sillas etc etc. Recuperamos los grupos, recuperamos la forma de la clase, los espacios, la alfombra, la asamblea, y un micrófono para que nos pueda contar historias de trenes que es su pasión favorita. No le deja a nadie el micro, vaya guerras por el micrófono, pobre equipo de música y pobres altavoces que aterrizajes desde la estantería. Pero tiene que aprender que ahora me toca a mí y ahora a ti. Atila empieza a desaparecer, sólo se mantiene en las broncas cuando discute conmigo ya me avisa que va a romper cosas. El ordenador “cafetera” que tenemos en la clase hace su papel, él descubre juegos y programas que ninguno sabíamos que estaba allí, y cada mañana que me lo encuentro en el ordenador la misma negociación : oye no he escuchado la palabra mágica.
-Mario contesta: ¿ Andrés puedo coger el ordenador?
-Andrés: ¡Desde luego!
Pero poco a poco soy más exigente ya no me conformo con la frase lo hago apagarlo y negociar en mi mesa con la cantinela ya comentada anteriormente.
Pero el ordenador nos ha dado muchas posibilidades de juego, muchos compañeros y compañeras se ponían con él en “su ordenador” y poco a poco se fue produciendo una transformación llena de tensiones pero ya jugaba Mario, y alguna vez el compañero o compañera, y con los que sintonizaba mas y mejor ahora un comecocos tú ahora un comecocos yo. Ahora MARIO lleva la compañera a caballito, ahora es la compañera la que lleva a Mario a caballito
Ahora invita a alguien a que lo persiga y tengo a casi media clase corriendo alrededor del armario persiguiéndose unos a otros.
HOY ME HA LLEVADO A JUICIO.
De vez en cuando , muy de vez en cuando discutimos y cada vez discutimos más. Ha aparecido el niño que lleva dentro y que tiene que pasar por las etapas del desarrollo que no le han dejado que aparezca. Uf que guerra cada vez que se le lleva la contraria.
Hoy a traido a clase una especie de caracol que se llama tufo y no recuerdo porqué se lo quito por algo. SE va a la pizarra escribe en grande se busca. ¿ Donde esta tuffo? ¿ Quién lo ha robado? . Yo sigo a lo mio y no le hago mucho caso. Arrastra una mesa se sienta y me grita ¡juicio! ¡juicio! Me invita a sentarme y pregunta por tuffo, se lo enseño y no dejo que lo recupere. Me grita desde su posición de juez y la clase ya sólo se dedica al juicio.
Al rato pide un veredicto y la clase convertida en jurado vota. Que mal momento solo gane por 4 votos . UF CASI PIERDO EL JUICIO.
FIN DE CURSO MARIO HA BAILADO CON LOS DEMÁS.
Llevamos quince días de ensayos en el aula y en pocos de ellos ha querido sumarse, esta en su ordenador o de técnico de sonido pero ensaya poco con nosotros.
La tarde de la actuación es muy dura entre dos compañeros casi no podemos con él la tarde es nueva para el en el colegio, esta nervioso, en la zona de espera para subir al escenario no para lo tenemos agarrado de la mano se quiere escapar. Me doy una vuelta lo tranquilizo pero vuelve a irse a una zona aledaña llena de arena, se viene con nosotros subimos al escenario, en la primera parte hablada se acerca a cada actor o actriz que habla y de repente suena la música y se produce el milagro se va a su fila y baila hasta el final de la actuación como uno más. Que frase más sencilla y maravillosa ¡como uno más!.
ALMA... y lo que su diagnóstico quería limitarla...
¡ No quiero más! ...
Conocí a Alma cuando ella acababa de cumplir 11 años. Su diagnóstico de autismo llevaba, de forma paralela la "intolerancia" a los alimentos había sido asumida por la familia como una parte más, inherente, y por lo tanto sin mucha posibilidad de cambio.
Cada curso, el momento del desayuno y el comedor se convertía en una de las situaciones más difíciles para ella. Cada año las otras tutoras habían trabajado para conseguir que comiera de todo pero en verano volvía a desmembrarse todo el trabajo: a la niña sólo le gustaba, según palabras de sus padres, los bocadillos de chorizo.
Entre muchas de las estrategias de actividad compartida decidimos intervenir también en estas situaciones: le dábamos y nos daba de comer. Nos íbamos intercambiando los roles y aprendiendo expresiones, verbales y no verbales, para ir usándolas en lugar de las autoagresiones que la niña se producía (como tirarse del pelo) o los gritos y chillidos, lo que era previo a intentar desnudarse comenzando por los zapatos. (Anotar aqui que aunque tenía lenguaje oral en la mayor parte de los casos era ecolálico y poco funcional)
A lo largo de los meses este trabajo fue constante: fue curioso desayunar lo mismo que ella todo tipo de galletas infantiles, bocadillos, jamón cocido, naranjas... Fue con esta última fruta cuando comenzó, muchas semanas después de iniciar las actividades compartidas, a generalizarlo en su casa. Le encantaba comer naranjas en casa cuestión muy valorada por su madre... el bocadillo de chorizo ya no era lo único que deseaba tener en su boca.
Alma aprendió a decir ¡¡que tengo la boca llena!! ¡¡espérate!! ¡¡abre la boca y cómete la galleta (cuando era ella quien nos daba de comer). Iba construyendo así holofrases que le permitían alcanzar su objetivo que no era otro que intentar explicar porqué no comía más rápido o no quería más. Al sentirse comprendida por los demás los gritos y chillidos fueron disminuyendo.
Las experiencias compartidas no sólo fueron con sus maestras, tutora y logopeda, sino también con sus compañeros. Ellos intentaban darle de comer y a la vez ella fue dando de comer a otros. A lo largo de los meses ha aprendido a quitarse desayuno de encima diciendo cosas como: ¡para Luis! Reproduce la misma situación con algunos iguales vivida con nosotras ayudando a comer.
Después que la acompañamos en todo este proceso de acercamiento a la comida ya es capaz de decirnos, cuando comenzamos a servir los platos: ¡no quiero más! Y así lo hacemos, es ella quién decide cuánto quiere comer.
En casa nos cuentan que abre el frigorífico y coge lo que quiere, cambiando de alimento, y que la hora de la comida ya no es un suplicio. Ha empezado a cocinarse algunas cosas sencillas en su hogar: como sandwich a la hora de la cena.
4.- Y, EN EL CENTRO, UN CORAZÓN ... COMPARTIDO
Como siempre, el arte no está en la propia partitura –una mera secuencia de signos ordenados en un papel- .El arte siempre reside en quien interpreta la partitura. Pero requiere interpretarla no desde la cabeza, sino desde el corazón. No puede ocurrir otra cosa con el arte de educar.
El “colocarse en el lugar del otro” no puede ser una maniobra fría y calculada, requiere no sólo tratar de entender lo que hace y el sentido que puede tener su acción sino, sobre todo, cómo se siente, cuales son sus motivaciones o sus deseos… Y requiere aceptar de entrada esos deseos y motivaciones, tenerlos en cuenta, respetarlos, hacerle sentir al niño o la niña que, sean cuales fueren, los compartimos.
(A distancia incluso puedo ver la alarma que ha saltado en la cabezas de algunos/as posibles lectores, que no en el grupo de trabajo) ¿Cómo nos vamos a dejar llevar por sentimientos a veces muy contradictorios y conflictivos: sentimientos de rechazo, de malestar….? ¿Dónde se queda la necesaria “cabeza fría” del educador/a para decidir “con objetividad” lo más conveniente en cada caso? Para decirlo en términos de la cultura académica ¿Dónde se queda la necesaria “racionalidad práctica”? (que existan teorizaciones de este estilo es una prueba más de que el racionalismo exacerbado de la Ideología de la Modernidad ha calado profundamente incluso en las mentes más bien-pensantes del gremio). ¡¡Que no cunda el pánico!!! Siguiendo la lógica bruneriana, inmediatamente después del “colocarse en el lugar del otro” viene lo de “descolocarse de ese lugar para situarse un poco más allá…” O sea, que el co-sentir con el otro, en este caso el niño o la niña, no significa que tengamos que dejarnos arrastrar irremediablemente por los sentimientos que les embargan en cada momento y pasar, como ellos, de la risa al llanto, del duelo a la euforia…. No. Para no dejarnos arrastrar tenemos el arma que nos constituye precisamente como seres humanos: nuestro propio lenguaje, nuestro propio mundo interior (supuestamente) bien organizado simbólicamente. Son nuestras propias palabras al respecto de lo que ocurre en cada momento, incluidos los sentimientos que un momento dado compartimos, lo que nos permiten un cierto “despegue” de la situación, necesario para decidir qué conviene decir y hacer en cada momento. Palabras que no proceden de una mente estrictamente racional sino más bien de un universo simbólico compartido, de una cultura profesional (desgraciadamente) todavía por crear.
¿Qué criterios podrían regir ese universo simbólico? Sería una osadía injustificada pretender establecer ahora esos criterios, puesto que se trata de una cultura que apenas ha llegado a la escuela, apenas ensayada y todavía por construir. Pero podríamos empezar proponiendo y ensayando criterios que si han sido utilizados y se han demostrado muy válidos en ámbitos como la educación no formal o la clínica… (Referencia a Matando monstruos, Los patitos feos, etc…)
El criterio básico sería permitir y promover la expresión simbólica libre de los niños y niñas, para que a través de ella puedan dar concreción –simbólica, pero concreción- a sus deseos y sentimientos más profundos, por conflictivos y controvertidos que sean. Dar concreción simbólica a los sentimientos, sean cuales fueren, es un primer paso para tomar conciencia de ellos y poder asumirlos, o sea, integrarlos como parte de la propia subjetividad. Luego, sea cual fuere la forma de expresión –incluso si es agresiva o nos parece poco conveniente por cualquier otra razón- hay que aceptarla como tal, como expresión subjetiva, necesaria el desarrollo del niño o la niña. Hay que librarse del prejuicio empirista de que se aprende por repetición. Este principio fracasa rotundamente y incluso puede ser muy nocivo cuando se trata de producciones simbólicas. Las producciones simbólicas, si lo son realmente (es decir, si no se trata de meras copias sin sentido), son producciones subjetivas, necesarias para que el propio sujeto pueda tomar una cierta distancia de sí mismo y avanzar en su toma de conciencia. Lo que haga después de esa toma de conciencia es decisión suya. Pero también en eso puede ayudarle un educador/a atento (y formado al respecto). Las palabras del educador/a, dichas de forma oportuna pueden ayudarle a avanzar en la comprensión de sí mismo, al mismo tiempo que a conjugar sus deseos y sus formas de sentir con los principios éticos imprescindibles en toda sociedad humana.
El progreso en la construcción del universo simbólico de cada niño/a es la prueba más evidente de que nuestra intervención educativa discurre por buen camino. Que así sea...ás c
¿DÓNDE RESIDE UN GENIO?
Hay una palabra que no me gusta nada y es el término “locura”. Muchas veces he pensado que a aquellos a quiénes se les tacha de locos sólo construyeron un mundo interior que todos podemos ver y observar porque tiene su representación a ojos vista. Pero sobre todo cuestionar.
El año pasado alguien gritó a viva voz ¿este niño es esquizofrénico? Lucas le daba miedo a este adulto, increíble pero cierto, sus reacciones destructivas con los espacios, consigo mismo y con los demás, hacía que sus reacciones aparentemente impredecibles asustaran a más de uno. Su cabeza había destrozado enchufes y un aula, los platos habían salido volando constantemente en el comedor... Así que la palabra esquizofrenia salió de boca de un adulto que no comprendía a este niño y lo definió de una forma tan cruel.
Antes de conocerle las tutoras así como la logopeda del colegio habían hecho un buen trabajo, procurando construir vínculos de unión con el chaval, intentando ofrecerle seguridad y comprensión. Aún hoy, Lucas se acuerda de las canciones que le cantaban. Cuando las escucha en el ordenador se le ilumina la cara.
Por lo tanto no partíamos de cero pero había que seguir avanzando. Es difícil resumir aqui todos los momentos que confluyeron para que el chiquillo se fuera sintiendo mejor pero nos gustaría destacar una experiencia fabulosa. Fue él mismo quién la descubrió...
Y nosotras lo descubrimos un día en equitación en el tiempo libre que jugábamos en el cesped. Lucas comenzó a decir "¡ooo po dio se ha dotoooooooo!" Y a mi se me ocurrió arreglarlo. Entonces esa secuencia la repitió y repitió... todos corríamos con él hasta que otra vez su "rueda" se rompía.
Habíamos estado viendo en clase la película "The Cars", también en su casa. Era la que estaba de moda en aquel entonces. Nunca imaginé que Rayo McQueen que destroza un pueblo entero pudiera decirle tantas cosas al chaval. Pero así fue... él se sentía Rayo. Y así jugamos mucho tiempo. Cada cual fuímos teniendo diversos personajes, a su tutora le tocó ser la la máquina que echaba el asfalto y que siempre iba a su lado tranquilamente. A su madre, después su hermana, la prota de la película: un vehículo precioso. Un niño del cole otro coche que fastidiaba bastante al personaje principal... y así un sin fin de asociaciones con su mundo social más cercano.
Lo curioso es como encontró ese personaje destructivo que tenía un final feliz: porque al final reconstruyó los destrozos. Y mientras Lucas navegaba en ese juego y su familia le apoyó ofreciéndole ropa interior de rayo, camiseta, colcha, pegatinas, comics, libros... él iba reelaborando su "vida real" y dejó de romper cosas. Sólo en momentos puntuales y fruto de algún enfado que otro.
A partir de aqui y a lo largo de los meses, su mundo simbólico fue cambiando: dejó la película, ya no quería verla ni jugar. Y empezó a entablar relaciones cada vez con más adultos incluso con sus iguales. Su mundo siguió transformándose y lo pudimos ver reflejado también a través de sus dibujos.
Todos eran formas redondas, círculos, como también lo era su dedicación desde siempre a girar objetos de todo tipo. Aqui compartimos con él valorándole lo bien que lo hace, porque ninguno de los adultos que nos relacionamos sabemos girar, cual trompo... pinchitos, ganchitos, botellas por el gollete... Aunque ha aprendido a que no siempre puede hacerlo.
Y hablábamos de sus dibujos... todo lo que quería representar terminaba siendo un círculo naranja... y en ese interpretar constante de sus ideas pudo explicarnos la navidad, la pérdida de la pelota de disco que no encontramos hasta que otra maestra la encontró, la semana santa, la feria... y así evolucionó... hasta desear, hoy por hoy, querer ser conductor de autobuses.
Me resulta una historia increíble: cómo Lucas encontró en un dibujo animado la posibilidad de identificarse, curioso que dicho dibujo fuera un coche, y más curioso aún que ahora él quiere dirigir un vehículo que sabe de dónde sale, a dónde llega y dónde quiere ir.
Fue duro para él comprender un día que se había estropeado, pensaba que estaba en el médico y lloró muchísimo porque a él le asustan mucho los hospitales. Y fue reconfortante verlo otra vez a la salida, montarse en él... aqui la chófer y la monitora han jugado otro papel fundamental permitiéndole tocar la bocina, acercarse a ellas a la parte delantera.
Y también me resulta muy llamativo como es el último que se monta en el bus, espera a que todos hayan subido para emprender su camino...y él es quien les llevará a su destino.
La "real academia española de la lengua" define genio como aquel que posee la " capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables". Quizás como adultos sólo debemos ayudarle a poder expresar tal capacidad pero no desde el miedo a lo diverso ni usando una palabra que le etiquete de por vida.
Posdata
¡Aviso para quienes han llegado leyendo hasta aquí! El saber responsabiliza (o al menos crea mala conciencia).
Aquí sería importante recoger el lenguaje incipiente de algunos de los niños con los que habéis trabajado. Concretamente recuerdo expresiones muy interesantes contadas por Desi
Más ejemplos…
Aquí podrías incluir un resumen, todo lo amplio que queráis de lo aprendido en los talleres de matemáticas y lecto-escritura
Aquí podéis desfogaros todos/as quienes habéis sido acusados de “impulsivos”, poco estrictos….
Aquí se podía hacer la referencia al niño-lobo de Toñi y a los sucesivos personajes asumidos por algunos de los niños/as de Desi….
Es sin duda, ha sido y será la estrella de este año en mi vida. Autista, Asperger, Hiperactivo y que más da el titulo que pueda tener. Un niño, una persona con la que tenemos que vivir 5 horas al día. Y ese fue precisamente nuestro reto, vivir con él, olvidarnos de la agenda, de las instrucciones a seguir, de la exclusión, del apoyo fuera del aula. Y acordarnos de que era un niño, una persona por encima de todo, por encima de recetas escolares que nos digan lo que tenemos o no que hacer.
Y empezamos y empezamos mal, muy mal se nos escapó el primer día de clase . Susto lágrimas, policía y él una vez que lo encontramos lo explico fácil: “QUERÍA TOMARME UN REFRESQUITO EN LAS PACHECAS” (Línea de autobuses que coge por placer con la familia). Pero la clase salió beneficiada, no podíamos perderlo otra vez, pero buscamos soluciones de grupo, bajábamos toda la clase a un punto de la entrada y alli los recogían las familias. Al mes y medio ya bajaban solos y solas a ese punto de encuentro y como un alumno más con sus compañeros solo necesitó de la intervención del portero en una sola ocasión, hasta la finalización del curso no ocurrió ningún incidente ni perdida y el profesor se mantuvo en su aula. Y jamás aceptamos soluciones de carácter individual para este grave incidente, ni lo llevamos de la mano, ni la madre tenía que subir cada día a recoger a su niño “el diferente”.
¡BUEN TIO COLEGA!
Que divertido es lanzar objetos, que divertido es hacerlo por la ventana, que divertido es lanzarlos contra las aspas del ventilador y disfrutar en cada acierto. Para la clase también parecía divertido, para mí lo era menos –no cabe duda-. Pero ese era su mundo individualista y sin sentido para mí, pero para él. ¿Quién lo sabría?. Tocaba interpretarlo, tocaba darle sentido a las cosas que hacia o nos decía: Hoy estamos celebrando el día del maestro, una tarta de colócate estamos fabricando, la mitad de la clase haciendo la pasta y la otra mitad poniéndola en las galletas, Mario a lo suyo por donde quiere, coge una galleta y se la come, sin mojarla ni en leche ni chocolate, no se mancha, coge otra y me la enseña me pide que le haga una foto a la galleta, yo lo hago la grabo con la cámara de video y le digo pone MARÍA como tu amiga( su gran amor), me dice que son integrales y yo le digo que no que son hojaldradas y cuando confirma que he grabado su galleta maría, me hace un gesto de aprobación con su pulgar y me dice con ese torrente de voz inconfundible ¡buen tío colega!
¡JUGAMOS A MEDICOS, ESO SI EL MÉDICO SOY YO!
En todo el primer trimestre hemos hecho rincones uno de ellos el libro de texto, junto a otros de juego simbólico, construcciones etc. El está sin estar, si su equipo esta con los coches el está allí pero no juega con ellos, juega al lado de ellas o de ellos. Pero el tema del cuerpo humano y un montón de recetas nos permiten jugar a médicos y tras varias sesiones, organizo una lista de alumnos a jugar con Mario. Hoy le toca a Rodri y Mario busca una de las recetas, la borra cuidadosamente sin doblarla y me busca insistentemente, hasta que yo interpreto que quiere que la firme en donde pone médico, y se va a la zona de la alfombra donde juega a médicos, bueno el siempre es el médico, lo osculta, le hace una receta para la rodilla “dalzi”. Aún no es juego simbólico, él no hace de médico, para eso me hizo firmar.
UN TRABAJO COOPERATIVO ENTRE MARIO Y J.A. “INTELIGENCIA”
Mario por su cuenta ha cogido un dominó de madera que realmente utilizamos para construcciones, J.A. “INTELIGENCIA” aprovechando las circunstancias se ha pegado allí y en un momento que Mario se ha desinteresado, lo coge y va haciendo una torre cada vez más alta, hasta que empieza a tener dificultades con su propia altura que le impide colocar las de arriba, Mario que ha estado observando interesado por la torre le va colocando las piezas más altas. Para desmontarlas lo volvemos hacer ya con la ayuda de una compañera adulta y Mario quita las de arriba y J.A. “INTELIGENCIA” quita las de abajo. Sin empujarlas sin destruir su propio trabajo.
DE ATILA A LA PALABRA MÄGICA:
Ha sido duro, tras 5 semanas de no intervenir con él, volvemos a encontrarnos, es espectacular verlo entrar a las 9 va arrasando con lo que pille por las mesas: botes de colores, rotuladores, sillas etc etc. Recuperamos los grupos, recuperamos la forma de la clase, los espacios, la alfombra, la asamblea, y un micrófono para que nos pueda contar historias de trenes que es su pasión favorita. No le deja a nadie el micro, vaya guerras por el micrófono, pobre equipo de música y pobres altavoces que aterrizajes desde la estantería. Pero tiene que aprender que ahora me toca a mí y ahora a ti. Atila empieza a desaparecer, sólo se mantiene en las broncas cuando discute conmigo ya me avisa que va a romper cosas. El ordenador “cafetera” que tenemos en la clase hace su papel, él descubre juegos y programas que ninguno sabíamos que estaba allí, y cada mañana que me lo encuentro en el ordenador la misma negociación : oye no he escuchado la palabra mágica.
-Mario contesta: ¿ Andrés puedo coger el ordenador?
-Andrés: ¡Desde luego!
Pero poco a poco soy más exigente ya no me conformo con la frase lo hago apagarlo y negociar en mi mesa con la cantinela ya comentada anteriormente.
Pero el ordenador nos ha dado muchas posibilidades de juego, muchos compañeros y compañeras se ponían con él en “su ordenador” y poco a poco se fue produciendo una transformación llena de tensiones pero ya jugaba Mario, y alguna vez el compañero o compañera, y con los que sintonizaba mas y mejor ahora un comecocos tú ahora un comecocos yo. Ahora MARIO lleva la compañera a caballito, ahora es la compañera la que lleva a Mario a caballito
Ahora invita a alguien a que lo persiga y tengo a casi media clase corriendo alrededor del armario persiguiéndose unos a otros.
HOY ME HA LLEVADO A JUICIO.
De vez en cuando , muy de vez en cuando discutimos y cada vez discutimos más. Ha aparecido el niño que lleva dentro y que tiene que pasar por las etapas del desarrollo que no le han dejado que aparezca. Uf que guerra cada vez que se le lleva la contraria.
Hoy a traido a clase una especie de caracol que se llama tufo y no recuerdo porqué se lo quito por algo. SE va a la pizarra escribe en grande se busca. ¿ Donde esta tuffo? ¿ Quién lo ha robado? . Yo sigo a lo mio y no le hago mucho caso. Arrastra una mesa se sienta y me grita ¡juicio! ¡juicio! Me invita a sentarme y pregunta por tuffo, se lo enseño y no dejo que lo recupere. Me grita desde su posición de juez y la clase ya sólo se dedica al juicio.
Al rato pide un veredicto y la clase convertida en jurado vota. Que mal momento solo gane por 4 votos . UF CASI PIERDO EL JUICIO.
FIN DE CURSO MARIO HA BAILADO CON LOS DEMÁS.
Llevamos quince días de ensayos en el aula y en pocos de ellos ha querido sumarse, esta en su ordenador o de técnico de sonido pero ensaya poco con nosotros.
La tarde de la actuación es muy dura entre dos compañeros casi no podemos con él la tarde es nueva para el en el colegio, esta nervioso, en la zona de espera para subir al escenario no para lo tenemos agarrado de la mano se quiere escapar. Me doy una vuelta lo tranquilizo pero vuelve a irse a una zona aledaña llena de arena, se viene con nosotros subimos al escenario, en la primera parte hablada se acerca a cada actor o actriz que habla y de repente suena la música y se produce el milagro se va a su fila y baila hasta el final de la actuación como uno más. Que frase más sencilla y maravillosa ¡como uno más!.
ALMA... y lo que su diagnóstico quería limitarla...
¡ No quiero más! ...
Conocí a Alma cuando ella acababa de cumplir 11 años. Su diagnóstico de autismo llevaba, de forma paralela la "intolerancia" a los alimentos había sido asumida por la familia como una parte más, inherente, y por lo tanto sin mucha posibilidad de cambio.
Cada curso, el momento del desayuno y el comedor se convertía en una de las situaciones más difíciles para ella. Cada año las otras tutoras habían trabajado para conseguir que comiera de todo pero en verano volvía a desmembrarse todo el trabajo: a la niña sólo le gustaba, según palabras de sus padres, los bocadillos de chorizo.
Entre muchas de las estrategias de actividad compartida decidimos intervenir también en estas situaciones: le dábamos y nos daba de comer. Nos íbamos intercambiando los roles y aprendiendo expresiones, verbales y no verbales, para ir usándolas en lugar de las autoagresiones que la niña se producía (como tirarse del pelo) o los gritos y chillidos, lo que era previo a intentar desnudarse comenzando por los zapatos. (Anotar aqui que aunque tenía lenguaje oral en la mayor parte de los casos era ecolálico y poco funcional)
A lo largo de los meses este trabajo fue constante: fue curioso desayunar lo mismo que ella todo tipo de galletas infantiles, bocadillos, jamón cocido, naranjas... Fue con esta última fruta cuando comenzó, muchas semanas después de iniciar las actividades compartidas, a generalizarlo en su casa. Le encantaba comer naranjas en casa cuestión muy valorada por su madre... el bocadillo de chorizo ya no era lo único que deseaba tener en su boca.
Alma aprendió a decir ¡¡que tengo la boca llena!! ¡¡espérate!! ¡¡abre la boca y cómete la galleta (cuando era ella quien nos daba de comer). Iba construyendo así holofrases que le permitían alcanzar su objetivo que no era otro que intentar explicar porqué no comía más rápido o no quería más. Al sentirse comprendida por los demás los gritos y chillidos fueron disminuyendo.
Las experiencias compartidas no sólo fueron con sus maestras, tutora y logopeda, sino también con sus compañeros. Ellos intentaban darle de comer y a la vez ella fue dando de comer a otros. A lo largo de los meses ha aprendido a quitarse desayuno de encima diciendo cosas como: ¡para Luis! Reproduce la misma situación con algunos iguales vivida con nosotras ayudando a comer.
Después que la acompañamos en todo este proceso de acercamiento a la comida ya es capaz de decirnos, cuando comenzamos a servir los platos: ¡no quiero más! Y así lo hacemos, es ella quién decide cuánto quiere comer.
En casa nos cuentan que abre el frigorífico y coge lo que quiere, cambiando de alimento, y que la hora de la comida ya no es un suplicio. Ha empezado a cocinarse algunas cosas sencillas en su hogar: como sandwich a la hora de la cena.
Como siempre, el arte no está en la propia partitura –una mera secuencia de signos ordenados en un papel- .El arte siempre reside en quien interpreta la partitura. Pero requiere interpretarla no desde la cabeza, sino desde el corazón. No puede ocurrir otra cosa con el arte de educar.
El “colocarse en el lugar del otro” no puede ser una maniobra fría y calculada, requiere no sólo tratar de entender lo que hace y el sentido que puede tener su acción sino, sobre todo, cómo se siente, cuales son sus motivaciones o sus deseos… Y requiere aceptar de entrada esos deseos y motivaciones, tenerlos en cuenta, respetarlos, hacerle sentir al niño o la niña que, sean cuales fueren, los compartimos.
(A distancia incluso puedo ver la alarma que ha saltado en la cabezas de algunos/as posibles lectores, que no en el grupo de trabajo) ¿Cómo nos vamos a dejar llevar por sentimientos a veces muy contradictorios y conflictivos: sentimientos de rechazo, de malestar….? ¿Dónde se queda la necesaria “cabeza fría” del educador/a para decidir “con objetividad” lo más conveniente en cada caso? Para decirlo en términos de la cultura académica ¿Dónde se queda la necesaria “racionalidad práctica”? (que existan teorizaciones de este estilo es una prueba más de que el racionalismo exacerbado de la Ideología de la Modernidad ha calado profundamente incluso en las mentes más bien-pensantes del gremio). ¡¡Que no cunda el pánico!!! Siguiendo la lógica bruneriana, inmediatamente después del “colocarse en el lugar del otro” viene lo de “descolocarse de ese lugar para situarse un poco más allá…” O sea, que el co-sentir con el otro, en este caso el niño o la niña, no significa que tengamos que dejarnos arrastrar irremediablemente por los sentimientos que les embargan en cada momento y pasar, como ellos, de la risa al llanto, del duelo a la euforia…. No. Para no dejarnos arrastrar tenemos el arma que nos constituye precisamente como seres humanos: nuestro propio lenguaje, nuestro propio mundo interior (supuestamente) bien organizado simbólicamente. Son nuestras propias palabras al respecto de lo que ocurre en cada momento, incluidos los sentimientos que un momento dado compartimos, lo que nos permiten un cierto “despegue” de la situación, necesario para decidir qué conviene decir y hacer en cada momento. Palabras que no proceden de una mente estrictamente racional sino más bien de un universo simbólico compartido, de una cultura profesional (desgraciadamente) todavía por crear.
¿Qué criterios podrían regir ese universo simbólico? Sería una osadía injustificada pretender establecer ahora esos criterios, puesto que se trata de una cultura que apenas ha llegado a la escuela, apenas ensayada y todavía por construir. Pero podríamos empezar proponiendo y ensayando criterios que si han sido utilizados y se han demostrado muy válidos en ámbitos como la educación no formal o la clínica… (Referencia a Matando monstruos, Los patitos feos, etc…)
El criterio básico sería permitir y promover la expresión simbólica libre de los niños y niñas, para que a través de ella puedan dar concreción –simbólica, pero concreción- a sus deseos y sentimientos más profundos, por conflictivos y controvertidos que sean. Dar concreción simbólica a los sentimientos, sean cuales fueren, es un primer paso para tomar conciencia de ellos y poder asumirlos, o sea, integrarlos como parte de la propia subjetividad. Luego, sea cual fuere la forma de expresión –incluso si es agresiva o nos parece poco conveniente por cualquier otra razón- hay que aceptarla como tal, como expresión subjetiva, necesaria el desarrollo del niño o la niña. Hay que librarse del prejuicio empirista de que se aprende por repetición. Este principio fracasa rotundamente y incluso puede ser muy nocivo cuando se trata de producciones simbólicas. Las producciones simbólicas, si lo son realmente (es decir, si no se trata de meras copias sin sentido), son producciones subjetivas, necesarias para que el propio sujeto pueda tomar una cierta distancia de sí mismo y avanzar en su toma de conciencia. Lo que haga después de esa toma de conciencia es decisión suya. Pero también en eso puede ayudarle un educador/a atento (y formado al respecto). Las palabras del educador/a, dichas de forma oportuna pueden ayudarle a avanzar en la comprensión de sí mismo, al mismo tiempo que a conjugar sus deseos y sus formas de sentir con los principios éticos imprescindibles en toda sociedad humana.
El progreso en la construcción del universo simbólico de cada niño/a es la prueba más evidente de que nuestra intervención educativa discurre por buen camino. Que así sea...ás c
Hay una palabra que no me gusta nada y es el término “locura”. Muchas veces he pensado que a aquellos a quiénes se les tacha de locos sólo construyeron un mundo interior que todos podemos ver y observar porque tiene su representación a ojos vista. Pero sobre todo cuestionar.
El año pasado alguien gritó a viva voz ¿este niño es esquizofrénico? Lucas le daba miedo a este adulto, increíble pero cierto, sus reacciones destructivas con los espacios, consigo mismo y con los demás, hacía que sus reacciones aparentemente impredecibles asustaran a más de uno. Su cabeza había destrozado enchufes y un aula, los platos habían salido volando constantemente en el comedor... Así que la palabra esquizofrenia salió de boca de un adulto que no comprendía a este niño y lo definió de una forma tan cruel.
Antes de conocerle las tutoras así como la logopeda del colegio habían hecho un buen trabajo, procurando construir vínculos de unión con el chaval, intentando ofrecerle seguridad y comprensión. Aún hoy, Lucas se acuerda de las canciones que le cantaban. Cuando las escucha en el ordenador se le ilumina la cara.
Por lo tanto no partíamos de cero pero había que seguir avanzando. Es difícil resumir aqui todos los momentos que confluyeron para que el chiquillo se fuera sintiendo mejor pero nos gustaría destacar una experiencia fabulosa. Fue él mismo quién la descubrió...
Y nosotras lo descubrimos un día en equitación en el tiempo libre que jugábamos en el cesped. Lucas comenzó a decir "¡ooo po dio se ha dotoooooooo!" Y a mi se me ocurrió arreglarlo. Entonces esa secuencia la repitió y repitió... todos corríamos con él hasta que otra vez su "rueda" se rompía.
Habíamos estado viendo en clase la película "The Cars", también en su casa. Era la que estaba de moda en aquel entonces. Nunca imaginé que Rayo McQueen que destroza un pueblo entero pudiera decirle tantas cosas al chaval. Pero así fue... él se sentía Rayo. Y así jugamos mucho tiempo. Cada cual fuímos teniendo diversos personajes, a su tutora le tocó ser la la máquina que echaba el asfalto y que siempre iba a su lado tranquilamente. A su madre, después su hermana, la prota de la película: un vehículo precioso. Un niño del cole otro coche que fastidiaba bastante al personaje principal... y así un sin fin de asociaciones con su mundo social más cercano.
Lo curioso es como encontró ese personaje destructivo que tenía un final feliz: porque al final reconstruyó los destrozos. Y mientras Lucas navegaba en ese juego y su familia le apoyó ofreciéndole ropa interior de rayo, camiseta, colcha, pegatinas, comics, libros... él iba reelaborando su "vida real" y dejó de romper cosas. Sólo en momentos puntuales y fruto de algún enfado que otro.
A partir de aqui y a lo largo de los meses, su mundo simbólico fue cambiando: dejó la película, ya no quería verla ni jugar. Y empezó a entablar relaciones cada vez con más adultos incluso con sus iguales. Su mundo siguió transformándose y lo pudimos ver reflejado también a través de sus dibujos.
Todos eran formas redondas, círculos, como también lo era su dedicación desde siempre a girar objetos de todo tipo. Aqui compartimos con él valorándole lo bien que lo hace, porque ninguno de los adultos que nos relacionamos sabemos girar, cual trompo... pinchitos, ganchitos, botellas por el gollete... Aunque ha aprendido a que no siempre puede hacerlo.
Y hablábamos de sus dibujos... todo lo que quería representar terminaba siendo un círculo naranja... y en ese interpretar constante de sus ideas pudo explicarnos la navidad, la pérdida de la pelota de disco que no encontramos hasta que otra maestra la encontró, la semana santa, la feria... y así evolucionó... hasta desear, hoy por hoy, querer ser conductor de autobuses.
Me resulta una historia increíble: cómo Lucas encontró en un dibujo animado la posibilidad de identificarse, curioso que dicho dibujo fuera un coche, y más curioso aún que ahora él quiere dirigir un vehículo que sabe de dónde sale, a dónde llega y dónde quiere ir.
Fue duro para él comprender un día que se había estropeado, pensaba que estaba en el médico y lloró muchísimo porque a él le asustan mucho los hospitales. Y fue reconfortante verlo otra vez a la salida, montarse en él... aqui la chófer y la monitora han jugado otro papel fundamental permitiéndole tocar la bocina, acercarse a ellas a la parte delantera.
Y también me resulta muy llamativo como es el último que se monta en el bus, espera a que todos hayan subido para emprender su camino...y él es quien les llevará a su destino.
La "real academia española de la lengua" define genio como aquel que posee la " capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables". Quizás como adultos sólo debemos ayudarle a poder expresar tal capacidad pero no desde el miedo a lo diverso ni usando una palabra que le etiquete de por vida.
¡Aviso para quienes han llegado leyendo hasta aquí! El saber responsabiliza (o al menos crea mala conciencia).